Códigos

Él, personal de seguridad.
Ella, cajera con cara de bragueta al tono.
Él, pelo negro.
Ella, rubia melena.
Él, bigote.
Ella... no.
Yo, inocente comprador de un producto barato.
En el medio, un vidrio (el típico vidrio que tienen las cajas para ofrecer protección al empleado del posible caco)
La conversación no era nueva, pero iba en capítulos. Tocaba el capítulo número X. ella abre:

-Acá a la vuelta tenés una pizzería.
-¿A la vuelta? ¿Dónde?
-Acá, por Sarmiento.
-Ah, por Sarmiento…? Mirá vos… nunca…
-Sí, rica pizza.
-Sabés que nunca se me hubiera ocurrido comer pizza…
-… ?
-Me traje media docena de empanadas, pero ya las liquidé. Pasa que ahora me vendría bien algo calentito...
-Dónde compraste empanadas?
-No, las empanadas las traje de casa. Pero ahora me vendría bien algo calentito… no sé si me entendés...



2 opiniones:

maldita | agosto 03, 2006 9:16 p.m.

simpático. real? if so, un poquito triste, como de cierta decadencia...

Subjuntivo | agosto 04, 2006 11:27 a.m.

Sí.
Eso, en el contexto de un subsuelo despoblado (contraste si los hay, tratándose de la calle Florida) de un local clase B como es Rodó (que no es nada fashion como Garbarino o Fraveganga) en donde había más gente de seguridad que empleados o clietnes.
Y estaba el vidrio, ese vidrio...


S.